La Instalación de tarima flotante es una de las soluciones más utilizadas en reformas de viviendas y oficinas por su rapidez, estética y facilidad de mantenimiento. Sin embargo, cuando la instalación de tarima flotante no se realiza con control técnico, pueden aparecer problemas como crujidos, juntas abiertas o deformaciones con el paso del tiempo.

La tarima flotante es un pavimento práctico, elegante y rápido de instalar, pero también es un sistema “sensible” a pequeños fallos de ejecución. Muchas incidencias que aparecen semanas o meses después (crujidos, juntas abiertas, lamas que se levantan, sensación de suelo “hueco” o deformaciones) no se deben al material, sino a una instalación sin control técnico.

En una instalación profesional intervienen variables que no se ven a simple vista: el estado del soporte, la humedad real del subsuelo, la compatibilidad del aislante, el cálculo de juntas de dilatación, el tipo de tránsito, la temperatura ambiente o la existencia de zonas críticas (puertas, pasillos largos, perímetros con pilares, uniones con otros pavimentos, etc.).

En Reycor abordamos la tarima flotante como un sistema completo: base + barrera + aislante + tarima + remates, porque si una pieza falla, el conjunto se resiente.

Falta de nivelación o preparación del subsuelo

Este es, con diferencia, el origen más habitual de problemas. La tarima flotante necesita una base estable para que el sistema de clic trabaje correctamente. Cuando el soporte está desnivelado, sucio, con restos de obra o con irregularidades, las lamas flexan, se producen micro-movimientos y aparecen ruidos o roturas en las uniones.

Errores frecuentes en el soporte

  • Instalar sobre un suelo existente sin comprobar su estado (baldosa suelta, parquet antiguo con holguras, juntas descompuestas).
  • No eliminar restos de yeso, pintura, adhesivos o partículas de obra.
  • Confiar en “que lo arregla la manta” para corregir desniveles (la manta compensa mínimos, no sustituye la nivelación).
  • Ignorar zonas hundidas o “barrigas” del soporte, habituales en reformas antiguas.

Qué problemas provoca

  • Crujidos por flexión y fricción del clic.
  • Sensación de suelo hueco o “a tambor”.
  • Apertura de juntas y desalineación.
  • Roturas en el sistema de unión (clic) y desgaste prematuro.
  • Levantamientos en zonas donde la tarima queda en tensión.

Solución profesional

  • Revisión del soporte y detección de puntos conflictivos (pasillos, transiciones, zonas de paso intenso).
  • Limpieza y saneado: aspirado, retirada de elementos sueltos, sellado de grietas.
  • Nivelación cuando procede (mortero autonivelante o reparaciones localizadas).
  • Control de tolerancias: no se trata de “que parezca liso”, sino de que cumpla los márgenes recomendados para evitar flexión.

En Reycor, antes de colocar, tratamos la base como un paso crítico: si el soporte no está bien, el acabado puede verse perfecto el primer día… y fallar con el uso.

Mala elección del aislante o manta base

El aislante (manta base) no es un accesorio: es el elemento que estabiliza, amortigua y protege. Elegirlo “por precio” o sin tener en cuenta el tipo de tarima y la situación del inmueble provoca problemas acústicos, inestabilidad e incluso patologías por humedad.

Qué debe aportar un buen aislante

  • Absorción acústica (ruido de pisada y transmisión a estancias inferiores).
  • Compensación mínima de micro-irregularidades.
  • Estabilidad mecánica para que el clic no sufra.
  • Compatibilidad térmica si hay suelo radiante.
  • Protección frente a humedad (si incluye barrera o se combina con lámina).

Errores típicos

  • Colocar una manta demasiado blanda: la tarima “baila” y el clic sufre.
  • Usar un aislante no apto para suelo radiante: baja eficiencia térmica y dilataciones más críticas.
  • No instalar barrera de vapor donde se necesita (plantas bajas, soleras, zonas con humedad ambiental).
  • Mezclar sistemas: poner doble manta o materiales no compatibles, creando efecto colchón.

Consecuencias

  • Ruido (pisada más sonora, vibración o eco).
  • Separación de lamas por pérdida de estabilidad.
  • Roturas del clic en puntos de apoyo.
  • Condensación bajo la tarima en determinados escenarios (especialmente si la humedad asciende desde el soporte).

Solución profesional

En Reycor seleccionamos el aislante según:

  • Tipo de tarima (laminado, vinílico, madera, SPC, etc.).
  • Tipo de vivienda (planta baja, entreplantas, ático).
  • Exigencia acústica (vivienda, oficina, local).
  • Riesgo de humedad y necesidad de barrera.
  • Si hay o no suelo radiante.

La “manta correcta” se nota en dos cosas: silencio al pisar y durabilidad del sistema de clic.

Error en la distancia de las juntas o dilatación

La tarima flotante se llama “flotante” por un motivo: no va fijada al soporte y necesita libertad para expandirse/contraerse. Si se bloquea contra paredes, marcos, pilares o puntos rígidos, la tarima acumula tensión y termina deformándose. 

Por qué ocurre

Los cambios de temperatura y humedad del ambiente afectan al material (especialmente en laminados y madera). Esa variación hace que el pavimento “crezca” o “encoga”. Si no tiene espacio, empuja y se levanta.

Errores más comunes

  • No dejar junta perimetral suficiente.
  • Olvidar juntas en pilares, columnas, salientes o radiadores.
  • Atornillar o fijar rodapiés presionando la tarima (el rodapié debe tapar, no aprisionar).
  • No prever juntas de transición en estancias amplias o pasillos largos.
  • Encajar la tarima bajo marcos sin recortar correctamente (queda “atrapada”).

Señales de que ha fallado este punto

  • Abombamientos u ondas en el centro de la estancia.
  • “Montañas” cerca de puertas o paredes.
  • Crujidos nuevos tras cambios de estación.
  • Separaciones irregulares en zonas concretas.

Solución profesional

  • Dejar junta perimetral adecuada y homogénea.
  • Prever juntas en cambios de estancia, puertas y zonas de transición.
  • Realizar cortes técnicos en marcos y premarcos (para que la tarima tenga holgura real).
  • Instalar perfiles de transición cuando corresponde (no solo por estética, también por comportamiento).

En Reycor planificamos el esquema completo antes de empezar: orientación de lamas, puntos de bloqueo y zonas donde la dilatación es más crítica.

Instalaciones sin control de humedad

La humedad puede deformar tarimas, hinchar tableros y generar moho oculto bajo el suelo. Y lo peor es que muchas veces no se ve hasta que el daño ya está hecho.

Este error ocurre cuando se instala sin medir humedad real del soporte o sin valorar el entorno (planta baja, solera, vivienda con poca ventilación, zonas costeras, etc.).

Errores habituales

  • Instalar sobre solera “aparentemente seca” sin medición.
  • No usar barrera de vapor cuando es necesaria.
  • Instalar inmediatamente tras obras húmedas (yesos, alicatados, pinturas con alta carga de humedad).
  • No aclimatar la tarima (abrir e instalar sin que el material se adapte a temperatura/humedad).

Consecuencias típicas

  • Lamas hinchadas, con bordes elevados o deformadas.
  • Juntas que se cierran o se abren de forma anormal.
  • Moho o malos olores por condensación.
  • Deterioro del aislante y pérdida de propiedades.

Solución profesional

  • Medición previa del soporte y evaluación del riesgo (sobre todo en reformas).
  • Uso de barrera de vapor si la situación lo exige.
  • Aclimatación del material y control de condiciones ambientales.
  • Selección de tarima adecuada según el nivel de exposición a humedad (no todo vale para todo).

En Reycor tratamos la humedad como un factor crítico: es más barato prevenir con un sistema correcto que levantar el suelo completo después.

Recomendaciones de instalación profesional Reycor

Una instalación profesional no se limita a “poner lamas rectas”. Es un proceso que combina técnica, planificación y remates bien ejecutados.

Buenas prácticas que aplicamos en Reycor

  • Diagnóstico previo del soporte: nivelación, firmeza y limpieza real.
  • Selección del sistema completo: tarima + aislante + barrera (si procede).
  • Planificación de juntas: perímetros, transiciones, pasillos y estancias grandes.
  • Cortes y encuentros técnicos: marcos, pilares, radiadores, cambios de material.
  • Remates duraderos: rodapiés bien instalados, perfiles adecuados, sellados donde corresponda.
  • Orientación estética y funcional: dirección de lamas para mejorar amplitud visual y minimizar uniones críticas.

Por qué compensa hacerlo con un equipo especializado

  • Evitas incidencias típicas que aparecen a los meses (las más caras de corregir).
  • La tarima se siente sólida, silenciosa y uniforme.
  • Los remates (que son lo que más se ve) quedan limpios y profesionales.
  • Se alarga la vida útil del pavimento y se reduce mantenimiento.

Si buscas un resultado duradero, estable y con acabados de calidad, en Reycor podemos asesorarte sobre el tipo de tarima ideal y ejecutar la instalación con criterios técnicos, no “a ojo”.

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